lunes, 27 de febrero de 2012

La sombra del temor

Hoy llegue a la escuela con el corazón el la garganta, el agua a punto de salir por mis ojos. Te vi como todas las mañanas desde hace una semana. Esperaba que tal vez eso calmará un poco mi corazón, pero no. Tus palabras sólo intensificaron mi miedo, aunque sé que esa no era tu intención; todavía eres algo torpe en ese aspecto. Me dejaste en la entrada del cuarto más oscuro de la prepa, a pesar de que es el salón con las ventanas más grandes, la más cercana al cielo, y de las que sienten primero los rayos del sol. Me dejaste y mi corazón palpitaba como loco, no sabía donde esconderse del terror que se avecinaba, se me escaba por los ojos con lágrimas de miedo, gritando auxilio. Paso el momento del terror frente a esas páginas impresas, donde quedaron líneas vacías y respuestas al azar; donde deje mis fuerzas para construir el dique que evitaría el colapso de mi llanto.
Salí furiosa, triste, deprimida. Hace tanto que lucho con este miedo, con este odio, con este sentimiento que bloquea mi mente a cualquier cosa relacionada con el tema del libro que aplasta mis entrañas, que pesa en mi espalda como un tumor que no me deja volar. Estabas a mi lado, pero no conmigo; tal vez trataste de animarme, pero tus palabras no lograron penetrar la fortaleza alrededor de mi mente.
Llego Aaron y me abrazo, poco a poco el dique se cuarteo. Lo sostuve hasta que te fuiste, sin besarme, sin abrazarme. Me fui a la esquina donde mi corazón sintío que podía dejar correr el llanto. Lloré, caí y me levanté para continuar.
Recuperé mi felicidad y mi fortaleza, me diste la alegría de volver a creer; cominezo hoy mi apuesta por una estabilidad aparente en los cimientos del caos mismo, en los cimientos del amor. Recordé la primera frase que anoté de Arráncame la vida "Ahorita yo lo quiero, quién sabe después", y por el resto de la tarde el amor opaco el temor y depresión de esa mañana.
Cuando pensé en el momento de regresar y enfrentar los cuestionamientos de mi madre, volvió la carrera de mi corazón, las lágrimas en mis ojos. La discusión comenzó, el bloqueo fue instáneo. Pero continúo, porque voy a salir de aquí, me tengo que ir. Huir no es una opción, mi corazón tendrá que dejar de correr, tendrá que caminar. Tendré que deshacerme de ese armazón, buscar aliados y cortar definitivamente la red que impide que vuele.

sábado, 4 de febrero de 2012

La verdadera razón escondida tras mis lágrimas

Esta es la primera entrada de este blog de conversaciones privadas. Mi mamá es psicóloga y me habló de lo que son las conversaciones privadas, cuando en tu mente piensas cosas que te gustaría decir pero no las dices por infinidad de razones como lo que es correcto, tu inseguridad, o por "respeto". Pues en este blog voy a decir lo que no digo, espero que quien lo lea encuentre alguna conversación privada propia y logre conectarme con ustedes; también espero que algún día lleguen a leer lo que no les dije las personas a las que callé mis verdaderos sentimientos.

Hoy me llamaste por teléfono, algo que esperaba que hicieras ayer a altas horas de la noche después de que te envie ese mensaje de cumpleaños. No tienes idea de como palpita mi corazón cada vez que llamas es como si quisiera salir corriendo de mi pecho hasta encontrarte y amarrarte con mis venas en un abrazo que grita "te extraño!! te necesito!!". Amó el hecho de casi no me mandas mensajes, me llamas simplemente. Cuando llamaste yo iba despertando de una siesta y me puso de un excelente humor tu llamada, como siempre que llamas. Pero cuando me invitaste a ir a comer contigo tuve que rechazar la oferta y eso me dolió tanto que lloré en el teléfono, tu me dijiste "no! ¿por qué lloras?" yo te dije que la verdad tenía muchas ganas de verte pero que tenía mucha tarea y sólo este fin de semana para terminar mis pendientes de la escuela. Tu me dijiste que no me preocupará que luego nos veíamos "que un programa no hace a una persona, que una persona se hace por sí misma" (o eso fue lo que entendí), refiriéndote al IBO que sabes que es una de mis principales razones de estrés, pero estabas tal vez tan distraído con tus primos que no escuchaste lo más importante de mi respuesta "tenía muchas ganas de verte". Cuando colgamos seguí llorando, pero no por estrés (aunque últimamente lloró casi diario por estrés) sino porque no me escuchaste, porque hoy tal vez era mi última oportunidad de verte; porque hoy sentí la necesidad de abrazarte en persona y llorar, porque hoy necesitaba decirte que decidí ir a la universidad en Puebla, y que nuestras oportunidades se desvanecen en el tiempo. Creí que ese crush que nació en mí durante nuestras salidad en invierno, el verano pasado, y el invierno pasado, había desaparecido de mi corazón, pero que en realidad sólo había olvidado lo mucho que te quiero y nunca te he dicho. Esa fue la verdadera razón escondida tras mis lágrimas, que se me acaba el tiempo y todavía no te digo cuanto te quiero.