Hoy llegue a la escuela con el corazón el la garganta, el agua a punto de salir por mis ojos. Te vi como todas las mañanas desde hace una semana. Esperaba que tal vez eso calmará un poco mi corazón, pero no. Tus palabras sólo intensificaron mi miedo, aunque sé que esa no era tu intención; todavía eres algo torpe en ese aspecto. Me dejaste en la entrada del cuarto más oscuro de la prepa, a pesar de que es el salón con las ventanas más grandes, la más cercana al cielo, y de las que sienten primero los rayos del sol. Me dejaste y mi corazón palpitaba como loco, no sabía donde esconderse del terror que se avecinaba, se me escaba por los ojos con lágrimas de miedo, gritando auxilio. Paso el momento del terror frente a esas páginas impresas, donde quedaron líneas vacías y respuestas al azar; donde deje mis fuerzas para construir el dique que evitaría el colapso de mi llanto.
Salí furiosa, triste, deprimida. Hace tanto que lucho con este miedo, con este odio, con este sentimiento que bloquea mi mente a cualquier cosa relacionada con el tema del libro que aplasta mis entrañas, que pesa en mi espalda como un tumor que no me deja volar. Estabas a mi lado, pero no conmigo; tal vez trataste de animarme, pero tus palabras no lograron penetrar la fortaleza alrededor de mi mente.
Llego Aaron y me abrazo, poco a poco el dique se cuarteo. Lo sostuve hasta que te fuiste, sin besarme, sin abrazarme. Me fui a la esquina donde mi corazón sintío que podía dejar correr el llanto. Lloré, caí y me levanté para continuar.
Recuperé mi felicidad y mi fortaleza, me diste la alegría de volver a creer; cominezo hoy mi apuesta por una estabilidad aparente en los cimientos del caos mismo, en los cimientos del amor. Recordé la primera frase que anoté de Arráncame la vida "Ahorita yo lo quiero, quién sabe después", y por el resto de la tarde el amor opaco el temor y depresión de esa mañana.
Cuando pensé en el momento de regresar y enfrentar los cuestionamientos de mi madre, volvió la carrera de mi corazón, las lágrimas en mis ojos. La discusión comenzó, el bloqueo fue instáneo. Pero continúo, porque voy a salir de aquí, me tengo que ir. Huir no es una opción, mi corazón tendrá que dejar de correr, tendrá que caminar. Tendré que deshacerme de ese armazón, buscar aliados y cortar definitivamente la red que impide que vuele.
Salí furiosa, triste, deprimida. Hace tanto que lucho con este miedo, con este odio, con este sentimiento que bloquea mi mente a cualquier cosa relacionada con el tema del libro que aplasta mis entrañas, que pesa en mi espalda como un tumor que no me deja volar. Estabas a mi lado, pero no conmigo; tal vez trataste de animarme, pero tus palabras no lograron penetrar la fortaleza alrededor de mi mente.
Llego Aaron y me abrazo, poco a poco el dique se cuarteo. Lo sostuve hasta que te fuiste, sin besarme, sin abrazarme. Me fui a la esquina donde mi corazón sintío que podía dejar correr el llanto. Lloré, caí y me levanté para continuar.
Recuperé mi felicidad y mi fortaleza, me diste la alegría de volver a creer; cominezo hoy mi apuesta por una estabilidad aparente en los cimientos del caos mismo, en los cimientos del amor. Recordé la primera frase que anoté de Arráncame la vida "Ahorita yo lo quiero, quién sabe después", y por el resto de la tarde el amor opaco el temor y depresión de esa mañana.
Cuando pensé en el momento de regresar y enfrentar los cuestionamientos de mi madre, volvió la carrera de mi corazón, las lágrimas en mis ojos. La discusión comenzó, el bloqueo fue instáneo. Pero continúo, porque voy a salir de aquí, me tengo que ir. Huir no es una opción, mi corazón tendrá que dejar de correr, tendrá que caminar. Tendré que deshacerme de ese armazón, buscar aliados y cortar definitivamente la red que impide que vuele.