viernes, 24 de agosto de 2012

Adicta glamurosa

Que envidia ser ese vaso que ayer tocó tu boca una y otra vez. Deja tu copa, bebé mejor los besos de mis labios que en suspiros mueren sin llegar a su feliz destino; entrando por tu boca, anidando en tu corazón, para que sientas el calor de mi amor. Más cálido que la sensación del alcohol resbalando por tu garganta, y mucho más embriagante.
 No sé si quiero que te embriagues de mi o quiero volverme adicta a ti. Tu sola presencia cambia mi humor, como una inyección de dopamina. Me inquieta la idea de verte cruzar, de ver tus ojos una vez más, por fracciones de segundo.
 Aún no reconozco tu aroma, mantengo mi distancia para evitar ese encuentro, porque sé que el día que tu esencia penetre mis sentidos estaré perdida, ya no habrá vuelta atrás, y el peligro de un corazón roto será inminente. El día que pruebe tu aroma me volveré adicta a ti, me volveré vulnerable. Sólo tu indiferencia o tu cariño me podrán destruir o hacerme renacer. 
 Renaceré como el ave fénix, de las cenizas de tu destrucción, más fuerte y experimentada; o volaré entre tus alas cálidas de ángel, renaciendo a la libertad del amor una vez más.